Amerindia n°22, 1997
César Itier
INALCO* / CELIA
Desde hace unos cincuenta años, las ciudades de la sierra del Perú y de Bolivia se han convertido en poderosos polos de castellanización que, a medida que el campo se vuelva más dependendiente de la ciudad, podrían hacer peligrar la supervivencia misma del quechua[1]. Al mismo tiempo, la migración y los progresos educativos que han conocido los países andinos en los últimos 30 años, han permitido el surgimiento, sobre todo en el ámbito urbano, de un lectorado quechuahablante potencial probablemente mayor de lo que hubo jamás en el pasado. Es de suponer que el desarrollo o postergación del idioma en las sociedades andinas dependerá de la actitud que los migrantes e hijos de migrantes adopten hacia él en la ciudad.
Ahora bien, en
el nuevo contexto sociolingüístico andino, la existencia de una literatura viva
en quechua se perfila como un factor decisivo para asegurar la presencia del
idioma en la educación así como su valoración de parte de los hablantes y de la
sociedad en general. Sin embargo, por lo menos en el Perú, las publicaciones de
prosa quechua siguen siendo casi inexistentes.
No faltan, en
otras partes del mundo, ejemplos del rol decisivo que puede desempeñar la
traducción en el establecimiento de una prosa literaria en idiomas que
prácticamente no la tenían (fue el caso, por ejemplo, del inglés, el sueco, el
alemán y el hebreo moderno). Su papel de estímulo no consiste sólo en que
funciona como un ejemplo. Se debe sobre todo a que la traducción contribuye a
la creación de un nuevo instrumento lingüístico, apto para sustentar una prosa
escrita. En efecto, uno de los mayores obstáculos para el desarrollo de una
prosa literaria en quechua probablemente sea menos la falta de lectores
potenciales que la falta de modelos expresivos adecuados. En Bolivia y en el
Perú, se publican libros de poesía quechua con relativa abundancia pero no
existen novelas y los poquísimos cuentos que han sido elaborados por escrito,
como por ejemplo los de Jorge Lira (1990) o de José Oregón Morales (1994) en el
Perú, están inspirados muy directamente en la tradición oral y por lo tanto no
plantean los problemas estilísticos, de registro y de léxico que implicarían
otros contenidos. El lectorado quechuahablante potencial al que aludimos muchas
veces tiene algún grado de familiaridad con algún tipo de literatura en
castellano. Sin embargo, aún el hablante bilingüe que maneja la redacción en
castellano no encuentra facilmente la manera de expresar sus experiencias
urbanas en un quechua escrito. En efecto, las distintas experiencias, rurales y
urbanas, de los bilingües suelen estar lingüísticamente compartimentadas,
fenómeno característico de las situaciones de diglosia que viven sociedades
como las de los Andes. Los pocos esfuerzos que han procurado romper esa
compartimentación hasta hoy han sido esporádicos, aislados y muchas veces
demasiado poco realistas, no llegando a cementar una verdadera tradición
lingüística.
Es en este
contexto que hemos decidido emprender la traducción del francés al quechua de El
principito de Antoine de Saint-Exupéry[2]. Nuestro objetivo es contribuir en algo
al desarrollo de una prosa literaria quechua que corresponda a las
preocupaciones, al modo de vida y a la cultura de los quechuahablantes urbanos
que constituyen la mayoría del lectorado quechua potencial que existe en la
actualidad. Con ello no pretendemos que una obra como El principito
corresponda a esas preocupaciones y esos intereses. La decisión de traducir
esta obra antes que otra se debe más bien a las siguientes
consideraciones :
- las
posibilidades de que un editor se arriesgue a publicar un libro monolingüe en
quechua son escasas, a menos que se trate de una obra de prestigio
internacional ;
- los
dibujos apoyan eficientemente un texto menos compacto, en su presentación, que
el de otras novelas, ventaja enorme para un lector poco o nada acostumbrado a
hacer el esfuerzo de leer en quechua ;
- la
obra es de un tamaño relativamente corto que conviene perfectamente para una
primera experiencia.
La transmisión
fiel de un contenido es pues para nosotros un objetivo esencial -aunque siempre
ideal y nunca plenamente logrado- pero, como se desprende de lo que hemos
expuesto anteriormente, pensamos que debe estar subordinada al de la
elaboración de un instrumento lingüístico. En eso nos apartamos radicalmente de
las opciones de traducción que han tomado los traductores de la Biblia
en lenguas amerindias, como por ejemplo las que sistematiza Eugène Nida (1969).
La transmisión nítida del mensaje es la única consideración que guía su empresa
de traducción, en perjuicio de toda preocupación por enriquecer el caudal
expresivo del idioma de llegada. Por nuestra parte, creemos que traducir en una
lengua amerindia no puede dejar de tener implicancias para el desarrollo del
idioma y que, por lo tanto, “traducción” no se puede reducir a “comunicación”.
Nuestro objetivo
es lograr una traducción aceptable para las regiones de Cuzco y Puno y zonas
adyacentes de Arequipa, Moguegua y Apurímac, en el Perú, y legible en Bolivia
así como en los departamentos peruanos de Ayacucho y Huancavelica. Se trata de
una cobertura dialectal de unos seis millones de personas, es decir más de la
mitad del conjunto de los quechuahablantes, aunque el público potencial real
obviamente no es tan amplio. Ahora bien, éstas son zonas entre las cuales
existen variaciones lingüísticas que no llegan a dificultar la intercomprensión
pero que sí son lo suficientemente importantes como para que, al traducir,
constantemente tengamos que elegir entre formas que no son comunes a toda esa
área. No trataremos aquí de este aspecto esencial de lo que entendemos por
“crear un instrumento linguístico”. Señalemos solamente que el criterio que
hemos adoptado, a la hora de elegir entre formas no generales, ha sido el de
retener las formas atestiguadas en los textos coloniales en “lengua general”,
es decir el estándar literario vigente desde fines del siglo XVI hasta
principios del siglo XIX[3].
Tampoco trataré
del problema que plantea el uso de los tiempos y de los sufijos modales, que se
deriva del hecho poco usual para el quechua de que estamos ante una ficción que
se presenta como un relato autobiográfico. En efecto, nos enfrentamos al reto
de construir un tipo de discurso que no puede apoyarse en los parámetros
referenciales y situacionales constitutivos de la estructura del idioma. Me
limitaré aquí a presentar y clasificar las operaciones de traducción que hemos
llevado a cabo manifestando cómo las soluciones que hemos retenido corresponden
a los objetivos generales que hemos evocado anteriormente.
Lo que suele
hacer un traductor, en las condiciones en las que comúnmente se lleva a cabo la
traducción literaria, es acudir a los significados[4] y a los conceptos[5] de la lengua de llegada casi sin necesidad
de adaptar esta última. Dado que los significados y los conceptos del idioma de
partida no suelen coincidir con los del idioma de llegada, el traductor traduce
contenidos textuales, no lexicales. Es lo que hemos hecho en la mayoría de los
enunciados. Ello implica muchas veces emplear en quechua conceptos más
generales que los del original francés con tal de que resulten suficientes para
que lo que juzgamos ser el contenido del enunciado quede transmitido por la
traducción. Tal es el caso, por ejemplo, del término “dictador” cuya
correspondencia en nuestra versión quechua es kamachikuq (/kamachi-ku-q/
//ordenar-orientador de actancia1-agentivo//), que significa “gobernante” o
“autoridad”, por no existir en quechua una distinción lexical entre quien
ejerce la autoridad de manera dictatorial y quien la ejerce de manera
democrática. La traducción del enunciado francés[6] no presenta ambigüedad : el
carácter autoritario de la autoridad en cuestión queda manifiesto y no lo
contradice el empleo del término kamachikuq.
Sin embargo,
existen casos en los cuales el empleo de un concepto menos preciso en quechua
acarrea una pérdida semántica. Como en el ejemplo siguiente :
Quand j’en rencontrais une [grande
personne] qui me semblait un peu lucide, je faisais l’expérience sur elle de
mon dessin numéro 1[7]
Ima kuraq runawanpas tupaspaqa,
yuyayñiyuq-hina kaptin, ñawpaqñiqin
dibujasqayta rikuchini
Traducimos
“hacía sobre ella la experiencia de” por “le mostraba” (rikuchini
/riku-chi-ni/ //ver-factitivo-1p.sing.//). Como se ve, en la versión quechua,
la acción evocada no está clasificada como “experiencia científica”. En cambio,
en francés, el empleo de la expresión “hacer la experiencia de” hace aparecer a
las personas mayores como objetos extraños, susceptibles de ser objetos de
estudio. Esa distancia hacia los detentores del discurso racional recorre todo
el libro y es esencial en la intención del autor. En algunos casos como éste no
nos ha sido posible expresarla en el mismo enunciado pero hemos tratado de
compensar esa pérdida manifestando esa distancia en otras oportunidades, en que
no forzosamente aparecía en el texto francés. Ésta es una posibilidad que
ofrece la traducción de un texto literario, por ser éste algo más que la suma
de los sentidos de cada uno de los enunciados. Reequilibramos así el texto para
que su sentido, en la medida de lo posible, sea transmitido por la traducción.
Sin crear
significados nuevos es posible acudir a un significado de la lengua de llegada
y apropiarlo para un concepto nuevo, que no forme parte de la norma lingüística
de este idioma. Se trata de una operación distinta a la que consiste en elegir kamachikuq
para traducir una frase cuyo original comprende el término “dictador”. En
efecto, kamachikuq “autoridad” de por sí no es susceptible de expresar
el concepto específico de “dictador”. Existen casos en los que nos ha parecido
posible y útil buscar términos quechuas susceptibles de expresar un concepto
del francés o del castellano en muchos contextos, más allá del texto que estamos
traduciendo. De esa manera hemos empleado el sustantivo huñunakuy
(/huñu-na-ku-y/ //juntar-recíproco-orientador de actancia1-sustantivo
verbal//), forma sintética que significa “juntarse los unos con los otros”,
para traducir “congreso”, el verbo riqsichi- (/riqsi-chi-/
//conocer-factitivo//), que significa literalmente “hacer conocer” para
traducir “descubrir (científicamente)”, el verbo tati- “interrumpirse
una acción continua” para traducir “malograrse (un motor)”, el verbo paska-
“soltar, desatar algo que está amarrado” para traducir “desarmar (un objeto
mecánico)”. Los hablantes no suelen emplear espontáneamente estos términos en
tales contextos sino que, a lo más, emplearán los préstamos “congreso”,
“descubri-”, “malogra-” y “desarma-”, sin que éstos estén tampoco bien
integrados al quechua. La clasificación de la acción de “malograrse (un motor)”
bajo el concepto de tati-, no sólo les ha parecido aceptable a los
quechuahablantes con quienes hemos trabajado sino que espontáneamente han
reconocido el acto de “malograrse (un motor)” bajo el significado de tati-
en ese contexto. Nos parece pues esencial que la actividad creadora del
traductor se cuide de no sobrepasar los límites de lo que las operaciones
cognoscitivas del lector puedan recorrer. En los casos citados, nuestras
innovaciones aparecen como posibilidades del sistema lingüístico que no están
establecidas como normas o convenciones en la lengua. La traducción puede
contribuir, aunque sea en un grado ínfimo, a activar esas posibilidades y tal
vez apropiar esos significados para esos conceptos propiciando así su adopción
por los hablantes. Nuestra traducción estará acompañada de un léxico, al final
del libro, destinado a reforzar el establecimiento de esos sentidos. Este tipo
de solución nos ha parecido válido solamente para conceptos que todavía no han
llegado a formar parte de la experiencia de muchos hablantes y por eso no se
han integrado profundamente en la lengua. En cambio, no hemos rechazado
préstamos ya bien integrados al quechua, como “lápiz” o incluso “avión” e
“historia”.
El tercer tipo
de operación de traducción posible consiste en emplear un significante nuevo
para los hablantes, con un significado igualmente nuevo para la lengua. Hemos
rechazado casi siempre el neologismo, o sea la creación de un signo nuevo, como
alternativa de traducción, considerando que ningún estado, ninguna fuerza
institucional y ningún medio de comunicación garantizan la continuidad de los
inventos que podríamos hacer. Si bien la creación de neologismos ha sido una
estrategia privilegiada en el proceso de adaptación de idiomas como el hebreo o
el inuktitut a nuevas esferas de expresión, no creemos que podamos proceder de
tal forma en el caso del quechua : a diferencia de esos idiomas, el
desarrollo del quechua hasta hoy no está respaldado por una fuerza
institucional importante y coordinada. En algunos casos, sin embargo, hemos
acoplado un préstamo con una perífrasis que linda con el neologismo por
composición, como en el caso de la traducción de “astrónomo” que hemos
traducido como astrónomo ñisqa planeta qhawaq “el que mira las estrellas
y llaman astrónomo”. Las ulteriores ocurrencias de “astronome” en el texto
francés han sido traducidas solamente por planeta qhawaq “el que mira
las estrellas”.
Después de
confrontar nuestros sucesivos intentos de traducción del capítulo 4 con
distintos lectores, hemos optado por introducir los préstamos “Marte”, “Venus”,
“Júpiter” y “planeta” porque la nomenclatura autóctona de las constelaciones, a
la que habíamos acudido en un primer momento, remitía, para los hablantes, a
una cosmología tradicional incompatible con los hechos descritos en la obra, lo
cual oscurecía el texto.
La generalización
del empleo de préstamos presenta sin embargo un inconveniente mayor : los
bilingües suelen desarrollar un sentido muy agudo de las diferencias formales
entre los dos idiomas y difícilmente aceptan el empleo masivo de términos
castellanos en un texto quechua de carácter literario por considerarlos ajenos
a la lengua. Tanto más cuanto existe une tradición literaria quechua
extremadamente purista, que se ha desarrollado sobre todo en los ámbitos de la
poesía, el teatro y el discurso oficial, con la que todos los hablantes del sur
del Perú e incluso de Bolivia, aún monolingües, tienen algún tipo de
familiarización. Como consecuencia, uno de los retos de la traducción de obras
literarias al quechua es encontrar el equilibrio difícil entre el empleo de préstamos
que podrían suscitar el rechazo del lector ante lo que consideraría como un
atentado contra su idioma y creaciones lingüísticas cuya proliferación
desanimaría cualquier intento de lectura.
Una solución
alternativa al préstamo y al neologismo puede ser el empleo de arcaismos
procedentes de los textos coloniales en lengua general y que encontramos muchas
veces bajo la pluma de los escritores quechuistas actuales. Hemos empleado
algunos, como wampu “barco”, kuna- “aconsejar”, wawqimasi
“amigo”, mamaqucha “mar”, hawarikuy “fábula” y tiqsi
“(planeta) tierra”. Los hemos utilizado aun cuando hayan sido sustituidos en la
lengua actual por un préstamo ya bien integrado. Suelen ser bien aceptados por
los hablantes, con tal de no usarlos con profusión. Cuando ocurren por primera
vez en nuestro texto quechua, hemos juzgado necesario explicarlos en una nota
de pie de página. Los retomamos después en el pequeño léxico que vendrá al
final de la traducción.
En general,
hemos preferido no evitar la impresión de extrañeza que causa al lector el
contenido de El principito expresado en quechua. A través de nuestra
traducción optamos por presentar al lector un universo cultural extraño, sin
tratar de disfrazarlo con los atavíos de un falso universo local. Esa alteridad
nos parece incluso uno de los intereses mayores de la obra para un público
andino. Es pues un documento casi etnológico sobre la cultura francesa del
siglo XX. Por eso hemos incorporado, a pie de página, algunas notas de carácter
etnográfico, cuando se hace necesario presentar al lector algunos elementos de
cultura francesa. En ellas, por ejemplo, explicamos brevemente lo que son el
golf y el bridge y sus connotaciones sociales. Este tipo de aparato crítico no
está reñido con el carácter literario del original : no procedemos de otra
manera cuando presentamos traducciones al castellano de textos de tradición
oral amerindia.
Finalmente, nos
podemos preguntar hasta qué punto no es más fácil traducir una novela al
quechua que escribirla directamente en ese idioma : aún en un proceso de
elaboración directa en quechua -mientras no surja una verdadera tradición de
prosa literaria- intervendrían constantemente, en la mente del lector
forzosamente bilingüe, operaciones de traducción que trabarían la creación. Probablemente
por eso, en la historia de las literaturas modernas, la traducción generalmente
ha precedido la creación original. Traducir prosa a idiomas como el quechua
resulta ser, en este momento, una de las tareas más urgentes que podamos
cumplir a favor del idioma.
Albó, Xavier
1995 Bolivia plurilingüe. Guía para planificadores y educadores. 2 vols. La Paz: UNICEF-CIPCA.
Lira, Jorge
1990 Cuentos del alto Urubamba. Cuzco: Centro Bartolomé de Las Casas.
Nida, Eugène et C. Taber
1969 The Theory and Practice of Translation. Leiden: E. J. Brill, 1969.
Oregón Morales, José
1994 Loro Ccolluchi. Exterminio de loros y otros cuentos. Lima: Lluvia Editores.
Pergnier, Maurice
1993 Les fondements socio-linguistiques de la traduction. Presses Universitaires de Lille.
Taylor, Gerald
1990 “La normalización de la enseñanza del quechua”. Normalización del lenguaje pedagógico para las lenguas andinas. Informe final. La Paz: Ministerio de Educación y Cultura.
* Institut National des Langues et Civilisations Orientales
[1] Según un estudio en curso, no más del 50% de la población urbana del Cuzco domina actualmente el quechua (Andrés Chirinos, comunicación personal), contra casi 100% hace un siglo (Itier, 1995: 27-29). También un 50 % de quechuahablantes han sido registrados en la ciudad de Cochabamba en 1992 (Albó, 1995-2: 69).
[2] Se trata de un trabajo todavía sin concluir que estamos realizando con la profesora quechuahuablante Lydia Cornejo Endara.
[3] En efecto, el trabajo de traducción nos ha llevado a la conclusión de que la elaboración de un estándar tiene su mejor asidero en la lengua general colonial, como lo planteó por primera vez Gerald Taylor en 1989 (1990: 39-40).
[4] Siguiendo a Coseriu, entendemos por “significado” el valor que adquiere el signo por las relaciones y diferencias que mantiene con otros signos del idioma.
[5] Siguiendo a Pergnier (1993) entendemos por “concepto” el sentido que un significado cobra en un contexto particular y que la lengua establece como norma o tradición.
[6] “Heureusement pour la réputation de l’astéroïde B612 un dictateur turc imposa à son peuple, sous peine de mort, de s’habiller à l’Européenne”, “Felizmente para la reputación del asteroide B 612, un dictador turco impuso a su pueblo, bajo pena de muerte, que se vistiera a la europea” (nuestra traducción). Nuestra traducción al quechua: Aswanmi ichaqa chay B612 asteroidemanta “hinapunim” ñinankupaq, Turkiya kamachikuq llapan llaqtantinta Iwrupa suyupihina p’achakunankupaq kamachisqa, “mana hinaptiykichikqa wañuchisqaykichikmi” ñispa.
[7] “Cuando conocía a una [persona mayor] que me parecía más o menos lúcida, hacía sobre ella la experiencia de mi dibujo número 1” (nuestra traducción).